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A través de la incertidumbre de la pandemia, hubo algo que sí era seguro: el incremento en los valores de propiedad en Aquidneck Island. Mientras los residentes de ciudades grandes huían a lugares más tranquilos con más espacio, los dueños de propiedades en la isla vieron una oportunidad que no pudieron resistir. Las personas que no vendieron sus propiedades, muchos decidieron alquilar sus casas y apartamentos por más dinero. 

El incremento en precios ha afectado mucho a la comunidad latina e hispana. Una comunidad particularmente importante para la industria de la hospitalidad de Newport y Middletown porque se compone un porcentaje bastante grande de los trabajadores. Muchos se encuentran enfrentando notificaciones de desalojo y tratando de buscar una manera de quedarse en la isla. 

Miguel Lopez es uno de estos trabajadores. Estámos usando otro nombre para proteger su identidad porque él es indocumentado. Ha vivido en Newport por más de quince años, quizás más cerca a los veinte, él no está seguro. Originalmente de Palencia, Guatemala, Lopez se mudó a Estados Unidos para dar una vida mejor a sus cuatro hijos. 

“Me vine para acá pa’ este país por una necesidad. Me da tristeza por decirlo porque no tenía nada,” él dice. 

Lopez dejó a su familia en Guatemala y vino a Newport. Él nos asegura que se fue de Guatemala no porque no amaba a su esposa sino porque fue su única opción de dar a sus hijos la cosa que él no tuvo: una educación. 

“Tengo cuatro hijos, cuatro varones. Gracias a este país les di la escuela. Les di lo que necesitaba: la ropa, todo, todos los útiles para que estudiara,”dice Lopea.

Aunque Lopez no sabe ni leer ni escribir, hizo lo que prometió. Sus hijos recibieron una educación y eventualmente, tres de sus hijos se mudaron a Estados Unidos.    

Actualmente, Lopez tiene tres trabajos distintos. El trabaja en un restaurante, hace paisajismo y es empleado de una compañía de manejo de propiedades. Ahora está comprometido con una mujer guatemalteca que tiene una hija de diecinueve años.

Por dos años los tres vivieron juntos pero este año el dueño de la casa se lo vendió. Por siete meses, Lopez y su comprometida buscaban un apartamento para alquilar, sin éxito. 

“Antes no tenía problemas con los apartamentos,” él dice. “ Me los daban solo así. Ahora no, ahora no es muy diferente,” él continúa.

Fue diferente esta vez porque Lopez no podía encontrar un apartamento cerca del precio que estaba pagando antes --mil trescientos dólares al mes, además utilidades. Ahora, no pudo encontrar un apartamento del tamaño y precio similar. Tampoco algo que estaba cerca a sus trabajos. Todos costaron más de dos mil dólares. 

Durante este tiempo, Lopez se estaba quedando con sus hijos que también trabajan en la industria de hospitalidad. Y la historia de Lopez no es única.

 Rebekah Gomez es una de las fundadoras de Conexión Latina, una organización en Newport que ofrece apoyo a la comunidad latina e hispana. Ella ha visto un incremento en el número de familias forzadas a buscar otra vivienda. “Recibimos llamadas tres o cuatro veces a la semana de personas diciendo que tienen que salir de su apartamento en un mes o ‘Tengo que salir en dos semanas,’” dice Gomez. “O que ‘Se lo vendió mi casa,’ o ‘Están tratando de alcanzar la renta por $500,’” ella continúa. 

Muchos miembros de esta comunidad no tienen permiso ni para vivir ni trabajar en Los Estados Unidos. Por eso, se pone más difícil encontrar vivienda o comprar un vehículo porque — para la mayoría de estas personas — es difícil hacer un chequeo de crédito.  

“Creo que los problemas de empleo para la industria de hospitalidad se van a empeorar.” Dice Gomez. “O, por lo menos, se van a quedar porque la gente no puede continuar viviendo aquí.” Ella continúa.

En el caso de Lopez, su gerente en unos de sus trabajos le ayudó a conseguir un agente de bienes raíces. Ella le ayudaba con los requisitos para solicitar apartamentos. Después de siete meses de búsqueda y durmiendo en la sala del apartamento de sus hijos, Lopez y su familia encontraron un apartamento en Newport. Les costaría dos mil doscientos cincuenta al mes -- utilidades no incluidas. No es un precio cómodo para Lopez, pero él siente que no tiene otra opción. 

 “Ahora con los precios está un poquito duro pero no hay remedio que hacerlo.” Dice Lopez. “Porque no me voy a la calle,” Él continúa diciendo con una risa. 

Lopez dice que él, su comprometida e hijastra tienen que trabajar duro para pagar por el apartamento. El espera que quizás en un año, encuentren un apartamento por menos dinero.

“En Providence está mejor pero no me voy pa’alla.” Él dice. “Mi trabajo está aquí.”

Y también su familia está aquí. La esposa de Lopez murió en un accidente en Guatemala hace años atrás. Las memorias son todavía dolorosas para él y jamás quiere volver al país. Para Lopez, Newport es su hogar y quiere quedarse aquí.  

Este artículo es parte de una serie sobre vivienda y familias indocumentadas en Aquidneck Island.Tendremos la historia de una mujer indocumentada viviendo en la isla y los problemas que los enfrentó en la tercera parte de esta serie.

Perla Marvell es la productora comunitaria de Mosaic, el podcast de The Public's Radio que explora la inmigración y la identidad en Rhode Island y Massachusetts. Ella habla español y puede ser contactada en mosaiccommunity@thepublicsradio.org

Antonia Ayres-Brown es periodista para The Public's Radio y miembro de Report for America. Ella habla español y puede ser contactada en antonia@thepublicsradio.org